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Llamados a la santidad

Elegidos por Dios para ser santos


¿A qué está llamada nuestra familia? San Pablo -llamado por el Señor a un giro radical en su vida - (Cf. Htc 9,1-28) podría responder así:


«Bendito sea Dios, […] [que] nos ha elegido antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia en el amor» (Ef 1,3-4).


Una familia nace de la decisión de un hombre y una mujer de iniciar juntos una experiencia de vida en común, sostenidos por la gracia de Cristo. Cuando esto sucede, la vida conyugal, llena de novedades y de nuevos retos que afrontar, se convierte para la pareja, como dice el rito del Matrimonio, en el nuevo camino de su santificación y, en consecuencia, en un camino privilegiado de santidad.
Del mismo modo, la vida de la familia, entretejida de relaciones, a veces complejas y no siempre fáciles, se convierte en un lugar especialmente adecuado y propicio para contemplar la acción del Espíritu de Dios, que puede convertir el corazón del hombre, cambiar sus actitudes y, hacer, de este modo, que los miembros de la familia sean capaces de amar como Cristo ama.


La santidad: una llamada para todos


«Porque yo soy el Señor, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo». (Lev 11,44).


El Papa Francisco en su exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, la tercera de su pontificado, anima a cada uno a responder a su propia llamada a la santidad. Dios no llama a todos de forma anónima y genérica, sino que dirige una llamada personal a cada uno.


Escuchemos algunas reflexiones en las que el Santo Padre, expresa una clara invitación a no tener miedo de aceptar la llamada personal a la santidad.


“Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios […]: en los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, […]. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad»” (Gaudete et Exsultate 7).


«Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» (Gaudete et Exsultate 10).


«“Cada uno por su camino” [….]. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (Cf. 1 Cor 12,7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido
pensado para él» (Gaudete et Exsultate 11).


«Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados
a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. [….]¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote
de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús» (Gaudete et Exsultate 14).


«Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos» (Gaudete et Exsultate 16).


«Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. […]. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que […]estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina» (Gaudete et Exsultate 24).


En el pasado lejano, pero también en la historia más reciente, hay niños, adolescentes, jóvenes, viudos y matrimonios que pueden mostrarnos un camino de santidad para cada edad y estado de vida: pensemos, por ejemplo, en la pequeña Laura Vicuña, santa a los doce años, en el joven Pier Giorgio Frassati o en los santos padres de Teresa de Lisieux.
Esta historia de los santos de la puerta de al lado nos pertenece, está muy cerca de nosotros, somos nosotros mismos.
¿Quizás nosotros también nos estamos encontrando con algunos de ellos?


Es aconsejable dejar un tiempo para que cada persona relea la catequesis, deteniéndose en lo que resuena en su corazón de manera particular.


Puntos para reflexionar en pareja/familia


• Convertirse en santo “cada uno en su camino” es la llamada de Dios a ser lo mejor de uno mismo. ¿Cuáles son los dones particulares que Dios me ha dado?
• Dios “nos guía para ser santos”: ¿cuándo me he sentido guiado en este camino hacia la santidad?
• ¿Ha habido eventos, encuentros, ocasiones que me hayan mejorado a mí o a nuestra familia?
Puntos para reflexionar en la comunidad
• Cada persona puede, con su vida, comunicar al mundo un mensaje particular que el Señor le ha confiado.
• Que cada uno de nosotros piense en una persona que está viendo: ¿qué mensaje me está dando Dios a través de esa persona?
• Pensemos en estos últimos días: compartamos con sencillez qué “mensajeros” del Señor hemos encontrado.


Para profundizar:


El Papa y la santidad: una llamada para todos, no para los “superhéroes”
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2018-04/papa-francisco-enciclica-la-santidad-una-llamada-para-todos.html

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