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Los abuelos y las personas mayores

Los abuelos y las personas mayores también forman parte de nuestras familias.


Hoy en día, la cultura del descarte imperante tiende a considerar a los mayores poco importantes e incluso insignificantes para la sociedad. La vejez, en cambio, es un momento más para responder a la llamada de Dios. Es sin duda una respuesta nueva y diferente, y en algunos aspectos incluso más adulta y madura.


De hecho, la vocación al amor es una llamada que Dios realiza a lo largo de toda nuestra vida. Esto significa que los abuelos y los mayores también están llamados a vivir la gracia de su relación con el Señor a través de sus relaciones con los hijos, los nietos, los jóvenes e incluso los niños.


Este itinerario se divide en dos direcciones: una está dada por lo que pueden ofrecer a los demás a través de su experiencia, su paciencia y su sabiduría; la otra está dada por lo que pueden recibir de los demás en su condición de fragilidad, debilidad y necesidad.
De este modo, las personas mayores se ofrecen a sí mismas y a quienes se relacionan con ellas una nueva oportunidad de crecimiento humano auténtico y maduro.


Envejecer es difícil


No podemos ocultar lo difícil que es hacerse mayor.


Para algunas personas es una experiencia llena de amargura y tristeza, especialmente cuando está asociada a una enfermedad o dolencia que dificulta la realización de las actividades normales del pasado.
A veces, la época de la vejez también está marcada por el dolor causado por la pérdida del cónyuge, con el que se ha pasado gran parte de la vida.


Sin embargo, en cierto sentido, el tiempo de la vejez también puede compararse con la vida de la Sagrada Familia de Nazaret, caracterizada por los humildes y sencillos acontecimientos cotidianos vividos en la clandestinidad, el silencio y en una condición de aparente irrelevancia para la historia del mundo.


El período de la vejez es también el momento en que, habiéndose vuelto más necesitados y menos independientes, crece en las personas mayores el deseo de orar y dialogar con Dios. Es sin duda un tiempo privilegiado y propicio de gracia y santificación.


“El anciano somos nosotros”


«La Iglesia no puede y no quiere conformarse a una mentalidad de intolerancia, y mucho menos de indiferencia y desprecio, respecto a la vejez. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio, de hospitalidad, que hagan sentir al anciano parte viva de su comunidad.
Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que estuvieron antes que nosotros en el mismo camino, en nuestra misma casa, en nuestra diaria batalla por una vida digna. Son hombres y mujeres de quienes recibimos mucho. El anciano no es un enemigo. El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente de todos modos, incluso si no lo pensamos. Y si no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a nosotros».


Ancianidad: tiempo de gracia y de misión


«El Señor no nos descarta nunca. Él nos llama a seguirlo en cada edad de la vida, y también la ancianidad contiene una gracia y una misión, una verdadera vocación del Señor. La ancianidad es una vocación. No es aún el momento de “abandonar los remos en la barca”. Este período de la vida es distinto de los anteriores, no cabe duda; debemos también un poco “inventárnoslo”, porque nuestras sociedades no están preparadas, espiritual y moralmente, a dar al mismo, a este momento de la vida, su valor pleno. Una vez, en efecto, no era tan normal tener tiempo a disposición; hoy lo es mucho más. E incluso la espiritualidad cristiana fue pillada un poco de sorpresa, y se trata de delinear una espiritualidad de las personas ancianas. Pero gracias a Dios no faltan los testimonios de santos y santas ancianos».


«Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor […]Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:


“Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz;
porque han visto mis ojos tu salvación,
la que has preparado a la vista de todos los pueblos,
luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel”.


Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: “Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (Lc 2,22-38).


Poetas de la oración


«El Evangelio dice que [Simeón y Ana] esperaban la venida de Dios cada día, con gran fidelidad, desde hacía largos años. Querían precisamente verlo ese día, captar los signos, intuir el inicio. Tal vez estaban un poco resignados, a este punto, a morir antes: esa larga espera continuaba ocupando toda su vida, no tenían compromisos más importantes que este: esperar al Señor y rezar. Y, cuando María y José llegaron al templo para cumplir las disposiciones de la Ley, Simeón y Ana se movieron por impulso, animados por el Espíritu Santo (Cf. Lc 2,27). El peso de la edad y de la espera desapareció en un momento. Ellos reconocieron al Niño, y descubrieron una nueva fuerza, para una nueva tarea: dar gracias y dar testimonio por este signo de Dios.
Simeón improvisó un bellísimo himno de júbilo (Cf. Lc 2,29-32) —fue un poeta en ese momento— y Ana se convirtió en la primera predicadora de Jesús: “hablaba del niño a todos lo que aguardaban la liberación de Jerusalén” (Lc 2,38).
Queridos abuelos, queridos ancianos, pongámonos en la senda de estos ancianos extraordinarios. Convirtámonos también nosotros un poco en poetas de la oración: cultivemos el gusto de buscar palabras nuestras, volvamos a apropiarnos de las que nos enseña la Palabra de Dios. La oración de los abuelos y los ancianos es un gran don para la Iglesia. La oración de los ancianos y los abuelos es don para la Iglesia, es una riqueza. Una gran inyección de sabiduría también para toda la sociedad humana: sobre todo para la que está demasiado atareada, demasiado ocupada, demasiado distraída. Alguien debe incluso cantar, también por ellos, cantar los signos de Dios, proclamar los signos de Dios, rezar por ellos. […] Un gran creyente del siglo pasado, de tradición ortodoxa, Olivier Clément, decía: “Una civilización donde ya no se reza es una civilización donde la vejez ya no tiene sentido. Y esto es aterrador, nosotros necesitamos ante todo ancianos que recen, porque la vejez se nos dio para esto”. Necesitamos ancianos que recen porque la vejez se nos dio precisamente para esto. La oración de los ancianos es algo hermoso».

Es aconsejable dejar un tiempo para que cada persona relea la catequesis, deteniéndose en lo que resuena en su corazón de manera particular.


Puntos para reflexionar en familia


• Leamos juntos y meditemos el mensaje del Papa Francisco a los abuelos y mayores http://www.laityfamilylife.va/content/dam/laityfamilylife/Anziani/KitPastorale/ES/ES_MESSAGGIO_A4.pdf
• Como familia, pensemos en los abuelos a quienes podríamos entregar el mensaje del Papa
Francisco.


Puntos para reflexionar en la comunidad


• Invitemos también a los abuelos y a las personas mayores e involucrémoslos en la preparación y la realización de esta reunión de preparación del EMF.
• Como comunidad, ¿qué estamos haciendo ya para involucrar a los abuelos y a las personas mayores? ¿Qué más podemos hacer?
• Organicémonos, involucrando también a los jóvenes, para llevar personalmente el mensaje del Papa Francisco a los mayores de nuestra comunidad.


Para profundizar:


https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2015/documents/papa-francesco_20150304_udienza-generale.html


https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2015/documents/papa-francesco_20150311_udienza-generale.html


Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores: http://www.laityfamilylife.va/content/dam/laityfamilylife/Anziani/KitPastorale/ES/ES_MESSAGGIO_A4.pdf


Oración para la Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores: http://www.laityfamilylife.va/content/dam/laityfamilylife/Anziani/KitPastorale/ES/ES_PREGHIERA_A5.pdf